Me propuse dejar que las cosas fluyan… y entendí que fluir no es rendirse. No es cruzarse de brazos ni esperar milagros. Es aprender a soltar el control obsesivo, confiar en los procesos y permitir que la vida encuentre su propio ritmo, incluso cuando no coincide con el mío.
A veces forzamos conversaciones, relaciones, oportunidades y hasta tiempos. Queremos que todo encaje según nuestro calendario emocional. Pero hay bendiciones que llegan cuando dejamos de empujar, y hay lecciones que solo aparecen cuando dejamos de resistir. Fluir es confiar en que lo que es para ti, encuentra la manera; y lo que no, también encuentra la salida.
Hoy decido caminar más ligero. Hacer mi parte, sí… pero sin ansiedad. Sembrar sin desespero. Amar sin presión. Trabajar sin angustia. Porque cuando suelto el exceso de control, descubro que la vida no estaba en mi contra… solo estaba esperando que yo aprendiera a confiar.

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