Esa frase no habla de arrogancia, habla de dignidad.
“Si alguna vez bajo mi cabeza será para admirar mis zapatos” es una declaración silenciosa de amor propio. Es entender que inclinar la mirada no siempre es señal de derrota; a veces es simplemente una pausa para reconocer el camino recorrido. Es mirar los zapatos y recordar cada paso dado, cada piedra superada, cada distancia conquistada sin rendirse.
Bajar la cabeza no para avergonzarse, sino para agradecer. No para rendirse, sino para recordar de dónde vienes y hacia dónde sigues caminando. Porque quien conoce su valor no necesita agachar la mirada ante nadie… solo ante su propio esfuerzo.
Al final, los zapatos no son solo cuero y suela. Son huellas. Son historia. Son prueba de que, pase lo que pase, sigues de pie.











