¿Bloquearías a un familiar por paz mental?

Nos enseñaron que la familia es sagrada, que la sangre pesa más que cualquier herida, y que aguantar es parte del amor. Pero nadie habla del cansancio que produce amar desde el dolor, ni del desgaste de convivir con quien constantemente rompe tu tranquilidad.

Bloquear a un familiar no siempre es un acto de odio. A veces es un acto de supervivencia emocional.

Porque la paz mental no debería ser negociable, ni siquiera por lazos que no elegiste. Hay familiares que aman mal, que invaden, que juzgan, que manipulan, y que esperan acceso ilimitado solo porque comparten tu apellido.

Pero el respeto también debería ser parte del vínculo.

Poner distancia no significa dejar de amar. Significa dejar de lastimarte. Significa elegirte. Significa entender que la paz no es traición, es autocuidado.

Y sí, duele. Porque uno no bloquea a un desconocido, bloquea a alguien que alguna vez fue refugio… o que debió serlo.

Pero llega un momento en que entiendes que no viniste a esta vida a salvar vínculos a costa de perderte a ti.

A veces, bloquear no es el final de una relación. Es el comienzo de tu paz.


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