Tomé esta foto sin prisa, como se toman las decisiones importantes.
Caminé por la Calle del Cristo sin buscar nada en particular, pero con esa sensación de que algo me estaba esperando al final. No era la capilla. No era la historia. Era el silencio.
Siempre me ha intrigado este lugar. Aquí, donde la ciudad se detiene abruptamente, como si también necesitara un respiro. Donde ya no hay más calle, solo horizonte.
Y entonces lo vi.
Un hombre sentado, mirando hacia arriba. No miraba la capilla. Miraba algo más lejos. Algo que no se ve, pero se siente.
En ese momento entendí que esta foto no es sobre piedra, ni sobre arquitectura, ni sobre historia.
Es sobre pausa.
Sobre ese instante donde no haces nada, pero algo dentro de ti se está reorganizando.
Vivimos obsesionados con avanzar, con llegar, con cruzar la próxima esquina. Pero hay lugares —y momentos— que no existen para que pases por ellos, sino para que te detengas.
Esta es, sin duda, una de las mejores fotos que mi lente ha captado.
No por lo que muestra.
Sino por lo que me obligó a sentir.

Deja un comentario