La luz no se apaga, se revela

Hay personas que creen que manchar el nombre de otro las limpia a ellas. Caminan sembrando dudas, lanzando sombras, construyendo historias donde ellos siempre parecen más altos porque intentan hacer ver a otros más pequeños. Pero lo que muchos olvidan es que la verdad no necesita defensa… solo tiempo.

Porque la vida tiene una forma muy particular de poner cada cosa en su lugar. No con venganza, sino con evidencia. No con ruido, sino con resultados. Y entonces, quien intentó ensuciar, termina revelando sus propias manos manchadas.

Ensuciar a otro nunca ha sido señal de fuerza, sino de vacío. Es el reflejo de una luz interior que no ha sabido encenderse. Y cuando alguien no sabe brillar, cree que la única opción es apagar a los demás.

Pero la luz auténtica no depende de la aprobación, ni del rumor, ni de la opinión ajena. La luz verdadera permanece. Resiste. Y en silencio, demuestra.

Por eso, más que desear justicia, se desea paz. Paz para quien hiere, porque solo desde la paz se deja de atacar. Paz para quien inventa, porque solo desde la paz se deja de competir. Paz para que algún día entienda que el camino nunca fue apagar la luz de nadie… sino aprender a encender la suya.

Y cuando eso ocurre, ya no hay enemigos, solo lecciones.


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