El tiempo es un escultor silencioso. No pide permiso, no avisa, simplemente pasa… y mientras pasa, va dejando marcas visibles: en la piel, en la mirada, en la forma en que caminamos por el mundo. Nos cambia por fuera, nos recuerda que estamos de paso, que somos proceso y no destino.
Pero las personas… las personas son otra cosa.
Las personas no solo pasan: se quedan. Se quedan en palabras que repetimos sin darnos cuenta. En gestos que aprendimos. En heridas que no existían antes de conocerlas. Y también en fortalezas que jamás hubiéramos descubierto solos.
Hay quienes nos rompen un poco, y hay quienes nos reconstruyen distinto. Hay quienes nos enseñan a cerrar el puño… y otros, a abrir el corazón otra vez.
Con el tiempo envejeces.
Con las personas, te transformas.
Porque el tiempo te enseña que todo cambia… pero son las personas quienes deciden en qué te conviertes.
